Montevideo vuelve a poner sobre la mesa un tema clave para su desarrollo urbano: la creación de un nuevo corredor de transporte que promete mejorar la movilidad y optimizar los tiempos de traslado. La iniciativa, que busca ordenar el tránsito y priorizar el transporte público, llega en un momento donde la ciudad necesita soluciones concretas para un sistema que muestra signos de saturación.
Pero este tipo de proyectos no parte de cero. La experiencia del corredor de Avenida General Flores sigue siendo un caso cercano y reciente que dejó aprendizajes importantes… y también críticas que no deberían repetirse.

Lo que dejó el corredor de General Flores
El corredor implementado en General Flores tenía objetivos claros: agilizar el transporte público, reducir los tiempos de viaje y mejorar la circulación. Sin embargo, en la práctica, varios puntos generaron malestar tanto en conductores como en vecinos y comerciantes.
Uno de los principales cuestionamientos fue la falta de planificación integral. Si bien se priorizó la circulación de ómnibus, no siempre se contempló de forma equilibrada el impacto sobre el resto del tránsito. Esto generó embotellamientos en calles paralelas y una sensación de “traslado del problema” más que de solución.
Además, hubo críticas por la escasa señalización inicial y por decisiones de diseño que dificultaban giros o accesos, afectando la dinámica cotidiana de la zona. Comercios también reportaron una caída en la circulación de clientes, algo que suele subestimarse en este tipo de intervenciones.

El nuevo corredor: lo que debería cambiar
El nuevo proyecto tiene la oportunidad de corregir estos errores y demostrar que Montevideo puede evolucionar en su planificación urbana.
Primero, la clave estará en el diseño inteligente. Un corredor no puede pensarse únicamente para el transporte público: debe integrarse con autos, bicicletas y peatones. La movilidad moderna exige soluciones más amplias y flexibles.
Segundo, la comunicación previa es fundamental. Parte del rechazo que generó General Flores tuvo que ver con la falta de información clara antes de su implementación. Un proyecto de esta escala necesita transparencia, simulaciones, pruebas piloto y participación ciudadana.
Tercero, la tecnología puede jugar un rol central. Sistemas de semáforos inteligentes, monitoreo en tiempo real y ajustes dinámicos podrían marcar una diferencia enorme frente a modelos más rígidos del pasado.
¿Por qué buses articulados y no trenes de superficie?
Uno de los puntos que más debate genera es la insistencia en sistemas de buses articulados —conocidos como BRT (Bus Rapid Transit)— en lugar de avanzar hacia soluciones como tranvías o trenes de superficie.
La respuesta, en gran medida, está en los costos y en los tiempos de implementación. Un sistema BRT requiere una inversión inicial significativamente menor, aprovecha en gran parte la infraestructura existente y puede ponerse en marcha en menos tiempo. Además, ofrece flexibilidad: los recorridos pueden adaptarse sin necesidad de grandes obras.
Sin embargo, esta elección también tiene límites claros. Los trenes de superficie o tranvías suelen ofrecer mayor capacidad de transporte, menor impacto ambiental en el largo plazo (especialmente si son eléctricos) y una experiencia de viaje más estable y predecible. Además, tienden a ordenar mejor el crecimiento urbano alrededor de sus líneas.
Entonces, ¿por qué no avanzar hacia ese modelo? El desafío es estructural: implica inversiones mucho más altas, planificación a largo plazo y decisiones políticas que trasciendan períodos de gobierno. En ciudades de escala media como Montevideo, muchas veces se opta por soluciones intermedias como el BRT, aunque no siempre sean las más ambiciosas.
Más que una obra, una decisión de ciudad
Los corredores urbanos no son solo obras viales: son decisiones que moldean cómo vivimos la ciudad. Definen tiempos, hábitos, comercio y hasta la calidad de vida de miles de personas.
Montevideo tiene hoy la posibilidad de hacer las cosas mejor. De aprender de lo que no funcionó en General Flores y de apostar por un modelo más equilibrado, moderno y centrado en las personas.
Porque al final, no se trata solo de ir más rápido. Se trata de moverse mejor.


